A eso de la media tarde fray Gustavo, que vive en el bajo -allí donde las casitas son de madera o “de lo que hay”- escuchó gritos. “Mire lo que están pasando por la tele”. Se asomó a la puerta de los vecinos y vio. Supo por las voces que corrían como riachos que habían matado al Pela. Y que Joaquín estaba gravísimo, en el quirófano, con tres tiros en la panza. Después supieron que Mauri también estaba muerto.
